CIUDAD RODRIGO Y LA FRONTERA

Aupada sobre un promontorio que domina las orillas del Águeda, Ciudad Rodrigo lleva la esencia de la frontera en sus venas.

El verraco de granito varado ante el castillo recuerda que Ciudad Rodrigo tiene una historia tan antigua como rica en acontecimientos. Los vetones encontraron en este promontorio lamido por el río un lugar idóneo

Pero es a partir de la Edad Media, especialmente de la repoblación, cuando empieza a jugar un papel importante en el tablero de las conquistas fronterizas. Con los Reyes Católicos da inicio un periodo de esplendor que brillará con intensidad en el siglo XVII dejando un casco urbano plagado de palacios señoriales.

En el entorno de la iglesia de San Sebastián se localizan los grandes soportales sobre los que se alza la Torre del Concejo. Pero uno de sus rincones más queridos es la iglesia de la Virgen del Robledo, en la que descansan los restos de la Moza Santa y Simón Vela, dos personajes fundamentales de la historia espiritual y milagrera de la Sierra de Francia.

De nuevo durante la Guerra de la Independencia Ciudad Rodrigo se convertirá en una pieza clave de la resistencia frente al ataque napoleónico. De su casco histórico emerge como un gigante hermoso la catedral, contenedor de tesoros incalculables que durante la invasión napoleónica fue también polvorín y fortaleza.

Pero el cogollo histórico de Ciudad Rodrigo da para un denso paseo en el que debería incluirse el rodeo completo a las murallas por su camino de ronda, visitar el Centro de Interpretación de la Ruta de Fortificaciones de Frontera; pararse junto al mirador de la ribera del Águeda que hay al pie del castillo; llegarse hasta las iglesias de San Pedro y San Isidoro, la de San Agustín la de La Tercera Orden o la capilla de Cerralbo; disfrutar su plaza Mayor; y admirar la colección de palacios señoriales, sin dejar de asomarse al interior del palacio de los Águila.