Fiestas y tradiciones
Mozotoro y patahenos del carnaval albercano. Antonio Luengo Becerro.
LOS CARNAVALES
En el Carnaval albercano, una serie de peculiares personajes denominados maragatas, ensabanaos y majos recorren las calles, llenándolas de ruido y colorido, para terminar en la plaza con una corrida burlesca protagonizada por los patahenos y los mozotoros. Durante estos días es común “echar el limón”, un curioso plato que mezcla naranja, limón, chorizo, ajo, sal, huevo, vino y aceite. Asimismo, hasta épocas recientes era muy habitual arrojar harina.
Los quintos colocan el pendón en la espadaña de la ermita. Antonio Luengo Becerro.
EL PENDÓN Y EL DÍA DEL TRAGO
El Lunes de Pascua se recuerda la batalla de Las Matancias, en la que las mujeres arrebataron un pendón a las tropas portuguesas del Prior de Ocrato. Dicho pendón ondeará en la espadaña de la ermita de San Blas a lo largo de una jornada festiva en la que se suceden bailes y juegos populares y se come el tradicional hornazo.
Una antigua provisión de la Duquesa de Alba ordenando conmemorar aquella victoria puede ser la razón de que se reparta vino en el Día del Trago, aunque otras versiones indican que es donado por los pueblos de la parte baja de la Sierra a cambio de que La Alberca deje fluir el agua de ríos y arroyos hacia ellos. Hasta no hace mucho tiempo, en La Romería se corrían los gallos, pasando al galope sobre un caballo e intentando arrancar las cabezas a aquellos animales.
Altar del Corpus. Antonio Luengo Becerro.
EL CORPUS
Tras la bella procesión con el Santísimo por las calles engalanadas con colchas bordadas y altares, sus cofrades realizan un ofertorio en el Solano Bajero, donde de nuevo se hace visible la solemnidad de los trajes típicos. Estos mismos cofrades son los que, cada tercer domingo de mes, siguen celebrando en la iglesia la antigua tradición de la Minerva.
La serpiente de La Loa vomitando fuego. Antonio Luengo Becerro.
FIESTAS PATRONALES
En el Diagosto, tras la Misa Mayor, un torrente de danzarines, mayordomos, autoridades y fieles acompaña a la Virgen de la Asunción hasta la plaza, donde, con un estricto protocolo, tendrán lugar el solemne ofertorio y las danzas, con sus distintos bailes, paleos y el acto de tecer y destecer el ramo.
El día después, por la mañana, en el Solano Bajero, se representa La Loa a Nuestra Señora de la Asunción, de gran arraigo entre los albercanos. En ella, el diablo, montado sobre un dragón de siete cabezas, tratará de impedir que los vecinos festejen a la Virgen.