Arquitectura
Alcoba en una de las salas. Casa-Museo Satur Juanela. Antonio Luengo Becerro.
LA CASA ALBERCANA
Cada estancia de la casa típica albercana se encontraba perfectamente adaptada a las tareas que allí se desempeñaban.
En la parte baja se ubicaba la cuadra, espacio con distintos apartados para los animales, que contribuían a la alimentación del hogar y producían el estiércol para el campo y el calor necesario para las estancias superiores. Junto a esta solía estar el cortinal, una especie de patio con una serie de árboles.
Por su parte, en la primera planta se encontraban las habitaciones, llamadas salas: hacia la calle la sala “lantera” o buena (reservada para los grandes acontecimientos, como convites y fiestas, pero también para nacer y morir) y hacia los cortinales la sala trasera o de diario (utilizada en el día a día).
A su vez, en la segunda planta existía un gran campocasa, espacio ambiguo, a veces sin delimitar, de donde nacían las entradas a otras estancias. El campocasa era muy preciado a la hora de festejar bodas y mayordomías, o simplemente para realizar las tareas del día de la matanza o mondongo.
En este piso también se encontraban el cuarto salaero y la cocina. Esta última era el punto neurálgico de la casa albercana, con el lar en el centro. Las chimeneas no existían en La Alberca, pues el humo era un trabajador más de la casa, curando los embutidos y transformando en pilongas las castañas que descansaban entre los listones del sequero.
Estos dos productos han sido vitales para los albercanos, paliando el hambre en épocas difíciles, y, sin duda, hoy son un símbolo del pueblo, dos de los iconos de su gastronomía y un soporte económico muy importante para sus vecinos.
También se debe citar en este punto la solana, balconada corrida, normalmente orientada al sur o al este.
Por último, encima del resto de estancias y de menor altura que estas, el “sobrao”, aprovechando el espacio que quedaba bajo el tejado. Este lugar servía como almacén de alimentos, heno, herramientas y cachivaches, taller artesano de los dueños, y, en ocasiones, aquí también se encontraba el horno donde se amasaba el pan.